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que te parece esto beba - 2002




Pescado Alucinante

¿Cómo te llamas? Mi nombre completo es Guillermo Alberto Solís, nací en el Hospital Municipal de los Polvorines el 12 de enero de 1960, bajo el signo de Acuario.

¿Por qué te pusieron así? Guillermo por sugerencia de un vecino y Alberto por parte de mi madre, cuestión que agradezco porque mi productor, Mariano, me dijo que los grandes intérpretes como Spinetta o Charly se llaman así.

¿Y a qué se debe el nombre artístico? Lo de Willy es por mi admiración a la música en lengua inglesa, de la cual destaco a grupos como Creedence o Los Beatles y lo de Polvorón como un homenaje a la tierra que me vio nacer.

¿Cuándo surgió tu interés por la música? A los nueve años, mi papá me compró una guitarra y empecé a estudiar música al mismo tiempo que iba a catecismo con el Padre Mecchia y cursaba cuarto grado. Desde allí en adelante, me empecé a conectar con chicos que estaban en la misma que yo y armábamos bandas encerrados en mi pieza.

¿Y tus viejos que decían? Mucho no les gustaba. Cada dos minutos venían a golpearnos la puerta a pedirnos que hiciéramos silencio porque si no iban a llamar a la policía. Fue lo que se dice, un comienzo muy clandestino.

¿Cómo siguió la historia? Me mantuve en contacto con los chicos del barrio que ahora son grandes y formaron familias. Yo seguí estudiando hasta que en 1999 grabé mi primer CD, Pescado Alucinante.

¿Tuvo éxito? Por suerte tuvo mucho éxito. La negra Vernaci le dio mucha publicidad en la Rock and Pop. Ella fue el motivo disparador de la popularidad.

¿Para cuándo el segundo? Ya está listo y distribuido en las principales discográficas. Se llama Tercer Cordón, por el tecer cordón industrial, al que pertenece Los Polvorines, que es algo así como el último planeta del sistema solar. Siempre digo que más allá de allí no hay nada más que la densidad.

¿Qué novedades aporta? Hay un tema dedicado a Maradona, Diego Querido, que lo pasan cada tanto en la Metro. Es un tributo al ídolo porque me dolieron los malos momentos por los que pasó. Sobre eso me puse a reflexionar y la canción salió sola. Además, conté con la participación del bajista de Diego Torres, quien se ofreció a tocar el tema.

¿Cómo te definirías? Como un típico chabón del conurbano bonaerense, muy arraigado a su pueblo, a su gente y a su familia (no a sus parientes, porque a sus parientes uno no los elige), un tipo al que le gusta hacer asados para los amigos y compartir anécdotas.

¿Quiénes son tus referentes? A nivel internacional, Lennon, pero soy de los que piensan que la inspiración de un músico pasa por las vivencias propias y las de sus amigos. Alguien que compone música se inspira en todo el universo. Y el universo es muy grande y una fuente inagotable.

¿Cómo definirías a tu música? Como algo muy particular; una expresión de la marginalidad. Cantada desde lo marginal hacia el arte. Yo vivo en un entorno que no es cultural, más bien vivo en la anticultura.

¿Y cómo se conjuga eso con tus estudios de abogacía? El abogado es un mediador por antonomasia. Yo soy un argentino típico, ciclotímico, con cambios permanentes de sentimientos y muy ambivalentes. Por suerte todo esto está reflejado en mi repertorio.

¿De qué manera cambiarías ese individualismo? Tenemos que pensar qué podemos ofrecer nosotros mismos a la Argentina para que florezca, no esperar que un ídolo nos salve. De eso ya estamos llenos, ejemplos como los de Maradona, Vilas, Sabatini o Las Leonas, sobran. Es hora de que nos unamos para el bien común.

¿Qué evaluación haces de las próximas elecciones? No quiero hablar sobre eso porque tengo muchos problemas y tengo que pensar que le puedo aportar yo a la sociedad desde mi lugar. Sí creo que estamos atravesando una crisis de valores que debe ser resuelta por cada uno y no por una persona particular. Los liderazgos siempre trajeron épocas de apoteosis. Tenemos que hacer un gobierno colectivo con proyección a un país mejor. Desde mi lugar, humildemente, creo que puedo aportar mi aliento, mi trabajo y lo que hago. No esperar que nos den.

Fotos y entrevista: Lucía Grossman

 


hecho en buenos aires - 2004



Willy Polvorón - BLUES DEL TERCER CORDÓN

No será de los candidatos firmes a quedar en un casting de TV pero igual, Willy Polvorón: estás nominado. El músico de Los Polvorines ya sacó su segundo disco: Tercer Cordón, donde sus canciones contaron con la guitarra de Palo Pandolfo y otros músicos ilustres con nombres menos famosos. Editado de forma independiente, sus letras hablan de su mundo, con una música que, a veces, logra distraer de la realidad que describe.

¿Quién es Willy Polvorón? Un típico chabón del conurbano bonaerense, que le gusta tomar un vino, compartir un asado y crear canciones para sus amigos.

Vivir en el tercer cordón, ¿cuál es la letra que más aporta? Varias... andar sin un mango, colarse en el ferrocarril Belgrano, enamorarse de una chica en una escuela marginal, tener vecinos que viven en ranchos de cartón y chapa, que a uno le guste el blues y a los vecinos no, y esa ceremonia que es hacer el fuego y echarle unas carnes encima...

Si la vida es una sucesión de asados, como decís en tu disco, ¿qué se hace mientras tanto? Mientras está la carne la como, la sobremesa es un asado sin asado, los mejores ingredientes son la locura de mis amigos, y yo estoy a punto... a punto de salir a cortar pasto.

¿Cómo es un día en tu vida? ¿Estudias Derecho? Sí, yo hice el CBC del '88 al '91, y cuando entré a Derecho me pidieron el título secundario. Fui a mi escuela y resulta que debía estenografía desde 1978, la rendí, volví a Derecho y me hicieron hacer el CBC de nuevo. En el ´93, terminé otra vez el CBC y ahora ya estoy en 4to. año de abogacía. Además, corto pasto, aunque de 20 clientes que tenía me quedan 4, así que junto $60 por mes.

¿Por qué componer un blues para polvorines si en polvorines sólo escuchan cumbia? ¿Siempre fuiste cabezadura? Lo compuse justamente para contrariar. Cuando terminé la escuela, le dije a mi viejo: «Voy a ser abogado». Y mi papá me dijo: «Anda a vender garrapiñadas al tren». Mira si seré cabezadura que 20 años después estoy terminando Derecho. Y ese espíritu me dio todo, escribir canciones, cantarlas, que Palo Pandolfo grabe en mi disco, salir en la radio y hasta verme en Musimundo, pese a que me decían que soy petiso, fulero, marginal, limado, y con menos voz que el amigo del Zorro.

Por MM.

 


Si! - Encuesta Lo mejor del aÑo! - 2004


Ivan NOble vota a Polvoron

 


clarin regional (san miguel / jose c paz / malvinas argentinas) - 2008



El músico más increÍble y querido de Los Polvorines

Canciones simples y una fe a prueba de balas: con eso, Willy Polvorón se convirtió en un gran personaje del barrio.

Un collar de morcillas cuelga de su cuello, en una mano lleva el maletín que se compró para guardar la notebook que algún día espera llegar a tener y en la otra, la guitarra criolla con la que compone sus canciones. Le cuesta entrar en confianza, se ve un tanto tímido, pero cuando lo logra, dispara frases contundentes como ésta: "El fracaso es mi combustible pata alcalizar el éxito -dice-, porque no tengo otro combustible".

Abogado, recibido después de 22 años de estudio en la Universidad de Buenos Aires, cadete de una oficina municipal y "músico lumpen", como él mismo se define, a los 48 años, Willy Polvorón es el antihéroe más famoso de Los Polvorines.

En los 15 años que lleva de carrera Willy todavía no logró que en un show suyo (verdaderas fiestas en las que hasta invita a los concurrentes con sandwiches de bondiola) se corten más de 100 tickets y tampoco encontró una compañía discográfica que lo apadrine. Pero, ídolo de barrio, en Los Polvorines difícilmente haya alguien que no lo conozca o, al menos, haya oído hablar de él.

"Toda mi vida no funciona -se lamenta-. Hace mucho tiempo que vengo tocando y un fracaso inexorablemente me conduce a otro. Me cuesta mucho poder entrar en la conciencia colectiva". Sin embargo, este "poeta urbano", como lo definen sus admiradores verdaderos, nunca se da por vencido: ya grabó dos discos (Pescado alucinante y Tercer cordón), el primero con un radiograbador casero; se dio el lujo de tocar para más de 1.500 personas como telonero en un festival gratuito que presentaba como estrella a León Gieco, tiene casi tantos videos subidos en YouTube como Sergio Denis. Por otro lado, su carrera artística fue reflejada en un documental que esta semana proyectan en el Malba, en Capital (ver Un retrato...).

Willy es consciente de sus limitaciones económicas y artísticas, pero tiene la certeza de que en poco tiempo su proyecto "va a explotar". "Ya se está globalizando. Tengo fans en todas partes, desde Barcelona hasta la Isla Margarita", asegura sin dejar de lado la humildad típica del pibe de barrio que todavía parece ser. Y, en vistas de esta "trascendencia internacional", hoy, mientras compone los temas para un nuevo disco y busca alguien que lo ayude a financiarlo, está traduciendo sus canciones al inglés, chino, hebreo y francés.

Quizás en los temas de este vecino se encuentre la razón de su buena llegada a la gente: se conjuga una visión surrealista de las cosas, la crudeza con la que se vive en el conurbano, su adoración por los asados y otras cuestiones cotidianas. "El asado es una manifestación cultural muy poderosa, un acto tan emotivo y religioso como tomar vino", comenta Willy. Y asegura: "Cuando era bebé, mi viejo ponía la cuna al lado de la parrilla y yo,en ese momento, ya sentía el olor de las achuras".

Fanático de Bob Marley, John Lennon, Tormenta, Sandra Mihanovich y Fito Páez, Polvorón no puede encasillarse en un género tradicional. "Mi música no sigue los cánones habituales, tiene un ritmo propio", dice mientras afina lentamente la viola. Y agrega: "Me costó mucho que los músicos de la banda comprendan el laberinto y la complejidad melódica".

A punto de empezar a tocar, Willy se queda callado. Pasan unos segundos. Y, de repente, sorprende: agarra un cuaderno y empieza a escribir. Cuando termina lee en voz alta lo que, asegura, quiso decir desde que llegó: "Mi mensaje tiene la inminencia de lo subliminal y lo perenne, lo cual constituye una contradicción. A veces me encuentro en un laberinto lleno de dudas sobre las actitudes y trato de no pasar la barrera del discernimiento porque sino caigo en la elucubración, que es una pasión enfermiza y la antesala de la locura". Entonces sí, empuña la guitarra y empieza a cantar: "Esa tapita de gaseosa...".

EL DOCUMENTAL
Un retrato de la fe ciega
Tal vez no sea fácil entender qué llevó al realizador Gabriel Alijo a filmar el documental Sueños de Polvorón. Lo que sí queda claro es que el producto final está muy bien logrado y que atrae tanto al público -en el Malba, de Capital, ya tuvo un fin de semana a sala llena- como a la crítica (participó en los festivales de Barcelona, México y Tandil, donde ganó el premio del público y una mención del jurado).

Sueños de Polvorón cuenta la historia de Willy, la relación con su manager, Mariano Echenique, y el sinuoso camino que recorren los dos en busca de un éxito esquivo.

Desde sus comienzos, allá por el '90, cuando cursaban el Ciclo Básico Común en Ciudad Universitaria, hasta una actuación reciente en una fiesta privada, con Willy cantando sobre el sonido de su propio CD mientras Mariano lo acompaña coreando sus letras, el documental recorre pequeños éxitos, traspiés y, por sobre todo, la relación de Polvorón con su música y los vecinos que lo consideran un hijo dilecto del barrio.

"Willy es una historia para contar: un guión ya hecho. No hay nada ficcionado. La película es el resultado de seguirlos a ellos", cuenta el director.

Sueños de polvorón se presentará hoy a las 20.10 en el Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415, Capital) y el domingo a la misma hora. La entrada sale $10.

Guido Iannaccio

 


Revista Ñ - 2008



Una noche de cultura bizarra

Canciones simples y una fe a prueba de balas: con eso, Willy Polvorón se convirtió en un gran personaje del barrio.

En la puerta de City Hall, un padre quiere ingresar con su hija de veinte años al boliche donde la dejará este domingo a la noche víspera de feriado. Quiere ver el lugar donde se realiza esa fiesta o-lo-que-sea que se hace en torno al nombre de "Bizarren Miusik Parti" con todos los "sic" correspondientes. Entonces el padre cruza la primera puerta, los patovicas no lo cachean como a los otros asistentes que piensan quedarse, sube las escaleras, abre una última puerta y... lo saluda un Barney y una de las Chicas Superpoderosas. No sabe si es Bombón, Burbuja o Bellota pero su hija se saca fotos con ella y con el dinosaurio de color rosa lisérgico. En la pista, veinte personas arman un trencito con un tema de Xuxa. Después suena Sandro y "Tengo" mezclado con otro de la modelo Nicole Neuman: "Déjame soñar/ a tu lado/ no quiero una tarde en soledad" de la serie juvenil "Amigovios".

- ¡Qué bizarro! - dice la hija. Lo dicen también sus amigas. Y el padre no entiende. ¿Que algo sea bizarro es bueno o malo? No sabe. La hija tampoco. Pero lo bizarro parece estar de moda. Algo de nostalgia de una generación (las publicidades de Tubby 3 o la cortina de la serie McGyver) alimenta estas fiestas colmadas de memorabilia. Ex metalúrgico de 29 años, Nicolás Cors, el organizador de "las bizarren", las armó hace tres años porque estaba aburrido de las fiestas habituales. Combinó música de Johnny Tolengo, Las Primas y secciones como "El mondiolazo", donde se reparten sandwiches de bondiola casi al final de la noche. ¿No será "Bondiolazo"? "No, mondiolazo, con m", dice Cors.

Es el mundo del mal gusto, como Guio Dorfles señaló sobre el kitsch, pero sin la sofisticación que puede tener el Batman de Adam West o el Flash Cordón de Mike Hodges. Esta fiesta es una estética que imita a la televisión chatarra. Una sensibilidad, dijo Susan Sontag, es lo más difícil de tratar. En su célebre ensayo "Notas sobre lo camp" (1964), Sontag escribió que este concepto es una cierta manera de esteticismo, es una manera de mirar al mundo como fenómeno estético y, según decía, esta manera no se establece en términos de belleza, sino de grado de artificio, de estilización. "El sello de lo camp es el espíritu de extravagancia". "Lo camp es lúdico, antiserio". En "las bizarren", se mezclan en vivo Pablito Ruíz y Pocho La Pantera o, como en la noche del domingo, Willy Polvorón, Comanche y Machito Ponce. Cada cual interpreta su papel: "artistas" de un tema o dos que "cantan" sus dos únicos hits. Son una auto-parodia, y el público (1.500 personas por fiesta) aulla, levanta los brazos, baila. Un performer de nombre Vergman, con traje en forma de pene, hace el mosh cuando Machito Ponce canta "Póntelo, pónselo". "Esto es una mezcla de circo, fiesta casamiento, cumpleaños de quince y asalto", dice Cors a un lado del escenario. "No hay que tenerle miedo al ridículo", dice Eliana, 20 años, mientras se baja del parlante después de escuchar a Willy Polvorón con su remera de Superman y su versión gritada de "Let it be". Es la cultura del carnaval carioca.

Diego Erian

 


Canta polvorÓn

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