sueÑos de polvoron

PolvorÓn llega a la pantalla grande

En 2003 el cineasta y camarógrafo del programa televisivo “Caiga quien caiga” Gabriel Alijo, amigo del manager de Willy, comienza a filmar el documental que luego se llamaría “Sueños de Polvorón”.

Colaboran en el film ad honorem técnicos y amigos de las productoras Cuatro Cabezas y Qubica.

El film se termina en 2006 y se pasa en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la UBA, en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI) y en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). Clasifica para los festivales internacionales de cine documental “Docúpolis” de Barcelona y “Docsdf” de México y su popularidad hace que Willy sea reporteado en Clarín, Pagina/12, Roling Stones, La Mano e Inrockuptibles, además de dedicarsele notas en los suplementos culturales Ñ y ADN de Clarín y La Nación y en la revista El Amante.

En el Festival de Cine de Tandil de 2007 recibe el Premio del Público y Mención Especial del Jurado.

 


Trailer de la PelÍcula

Ficha Técnica

Dirección
Gabriel Alijo
Fotografía
Guillermo Andreotti, Paula Gigliotti
Sonido
Adrián De Michele, Nicolás Inza
Edición
Juan Pablo di Bitonto, Juan Manuel Naves
Música
Willy Polvorón
Producción Ejecutiva
Gabriel Alijo
Duración 70´ Argentina 2006

 


Afiche de la Película

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"El optimismo de los antihÉroes"
(Miguel Fr Ías, ClarÍn)

"Abrí comillas. Poné: soy un optimista, dos puntos... por cada problema, coma... un millón de soluciones, punto... Cerrá comillas". De nada vale que el manager de Willy Polvorón, Mariano Echenique, le repita: "Willy, no tenés que dictar: hablá normal."

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BAFICI - Sin Aliento



Sueños de Polvorón

Gabriel Alijo, Argentina, 2006,70'

El que crea que Willy Polvorón es solamente un cantautor de Los Polvorines de suerte y entonación esquiva, dice la mitad de la verdad. La otra mitad es que Willy es un personaje novelesco, legendario, alguien capaz de convertir en una escena cinematográfica prácticamente cualquier avatar cotidiano de su vida. Willy es casi un quijote suburbano, y eso convertiria a su espigado manager Mariano Echenique en un Sancho Panza, el ladero fiel, silencioso y sumiso. Pero como acá nada es lo que parece, ese batallador incansable y entusiasta de Echenique es también un quijote que quiere derrotar a las discográficas. Sueños de Polvorón es una experiencia bizarra e imparable que sigue a su estrella sin dudarlo, sabiendo que todo lo que haga de previsible o imprevisible juega a favor de ese mundo de barro poético. Aquellos que estén acostumbrados a ver esos documentales musicales donde el músico lucha-y-enfrenta-todas-las-confrariedades-pero-su-tenacidad-es-más-fuerte-y-triunfa, bueno, esta vez van a salir defraudados porque están la tenacidad y el placer de Willy por la canción pero falta el desenlace feliz. No es que falten esas escenas que siempre están en esos documentales preformateados para que el espectador crea que el mundo es un lugar donde los sueños se concretan. Todo lo contrario: esas escenas están, pero invertidas en su sentido. Willy graba, pero no donde quería originalmente; toca, pero apenas supera el récord (Ínfimo, conmovedor, épico) de entradas vendidas. Y más allá de todo, lo más impactante es el fervor de Willy, que se regenera permanentemente. Inventor de formas, con Empanadas y chorizos y sobre todo con la cumbre La bicicleta, Willy Polvorón demuestra que es el William Tucker de la lírica bonaerense. Sergio Wolf.

Hoy a las 19, Hoyts 11

 


"soportarlo todo"
(julian gorodischer, pagina/12)

"- El doble sentido es explícito, Willy...
–Sí, pero es una referencia muy elíptica. Es como hacer un gol con comba..."

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EL AMANTE



Morcillas y Molinos

"Uuuh, el supermercado está cerrado, vamos a tener que ir a Polvorines", dice Willy Polvorón organizando un asado tardío una tarde de lluvia. Pero ¿cómo, Willy no vivía en Los Polvorines, definido en la propia película como parte del tercer y más alejado cordón del Gran Buenos Aires y uno de los sitios más castigados por la crisis? No, parece que Willy vive en un lugar en el cual, para llegar a un territorio con esas características, ¡tiene que desplazarse desde sus márgenes! Así definido territorialmente, Willy Polvorón parece lo marginal de lo marginal, el suburbio de la periferia, la esencia misma del conurbano, un individuo caminando entre charcos de agua y barro que tiene el tren como eje esencial de su existencia. Cuenta su mánager que cuando Willy le dijo a su padre que quería estudiar abogacía, este le contestó: "Anda a vender garrapiñadas en el tren", pero no como quien dice "Anda a freír churros" sino con la conciencia que hay destinos de hierro y que en algunos casos estos no salen de los vagones del tren del sur: efectivamente le estaba diciendo que fuera a vender garrapiñadas a los pasajeros ferroviarios. Willy Polvorón estaba destinado al desempleo y a la changa, a cortar el césped del vecino y a la venta ambulante, sólo que él tenía pensado para sí mismo un futuro de cantante de rock con título de abogado. Al escucharlo hablar con sus modismos barriales, al ver su aspecto achaparrado y bonachón, y sobre todo al escucharlo cantar, uno comprende que solamente una persona podía compartir ese sueño. Y esa persona crédula y confiada, perseverante y bondadosa, es Mariano Echenique, su mánager, el otro gran protagonista de esta historia. Tratando de definirlo musicalmente, Mariano le dice por teléfono al dueño de un local que Willy es algo así como Horacio Fontova, rock con humor, y la verdad es que la definición le pasa al protagonista a varias cuadras de distancia. No porque no intente ser rock y no trate de ser humorístico, sino porque la tarea de encerrar a WP en una serie de palabras, ya sean las pocas de una conversación telefónica como las que pueda llevar este artículo, es totalmente vana. Lo mejor que tiene esta película encantadora y fresca es mostrarle al mundo a Willy Polvorón y a su fiel compañero Echenique, y de esa manera transferirles a los espectadores la tarea de explicar quién y cómo es Willy Polvorón, cómo son sus canciones, qué cuentan sus letras. Pero también hay que salir a contarles a todos de Mariano, de su dulce bondad, de su paciencia y de su capacidad infinita de ilusionarse. Willy canta mal y, según su mánager, le llevó tres años lograr escuchar al conjunto de bajo y batería que lo acompañaba y seguir su ritmo. Pero disfrutar de WP -no es exactamente el culto esnob de reírse de alguien que hace algo mal, o muy mal. Algo de eso hay, pero también hay un núcleo extraordinariamente perceptivo en sus canciones, una forma de expresarse genuina y que, además, representa acabadamente un mundo particular. Reproducir aquí parte de sus letras sería minimizarlas, porque hay que acompañarlas tanto con el sonido de su voz como con la visión de su cara morocha y regordeta, muy lejos una y otra cosa de lo que se espera de un ídolo del rock. Hay que decir que en una de sus canciones se hace referencia al señor que arregla bicicletas, el medio de locomoción interno por excelencia del conurbano; que otra está dedicada a la tapita de una botella y que las referencias a chorizos y morcillas son innumerables. Mariano Echenique es alto y desgarbado, otro fenómeno físico, aparentemente diseñado por la vida para contrastar con Willy. A su lado seguimos las penurias de un artista por encontrar la oportunidad y lograr algún tipo de trascendencia. Juntos van a la radio a ver a Elizabeth Vernaci, la única persona que le había dado difusión a su música; editan un CD; arman recitales con decenas de espectadores (65 personas es el récord alcanzado); sueñan con un futuro venturoso. Si algo define a esa extraña pareja, es la visita a la fábrica de CD, a buscar el disco de Willy. Mariano está excitado y ansioso, jugueteando con el nuevo producto en sus manos. Willy, en cambio, vive su módico estréllalo con total indiferencia y sólo les presta atención a unos CD de otros artistas que se lleva de regalo. Si las apariencias físicas del dúo remiten directamente a don Quijote y Sancho Panza, hay que decir que Mariano resume las condiciones de ser el soñador y el fiel escudero al mismo tiempo, el que mira al cielo pero el que tiene los pies sobre la tierra también, el que ve los molinos de viento como enemigos pero también como molinos de viento, mientras Willy, distraído, saca poesía de una achura o una gomería suburbana. Sueños de Polvorón es ese cliché, una película quijotesca, y sin embargo, única e incomparable. Gustavo Noriega.

 


trÍptico - Estreno de sueÑos de polvorÓn - centro cultural rocardo rojas (uba)




Presentación

Siempre es un hecho feliz estrenar una ópera prima argentina. El cine en Argentina no es una actividad sencilla. Encontrar nuevos directores con una mirada interesante no es algo que ocurra frecuentemente y poder darle siquiera una mínima continuidad de exhibición es parte del reto y de la esperanza de que la película pueda encontrar sus espectadores. Las "pequeñas películas" necesitan que se las cuide. Pero el estreno de Sueños de Polvorón busca trascender estas ya de por si remarcables ambiciones, sino que se complementa con el recital del personaje de la película: Wiliy Polvorón. No es que la película de Gabriel Alijo o la música de Willy Polvorón estén incapacitadas de sostenerse por sí mismas, sino todo lo contrario: se trata de potenciar el carácter de evento que ambos dejan entrever. De dejar lugar a la experiencia de lo que alguien hace con un artista (Alijo con Polvorón) y de la experiencia de oír al propio artista actuando su obra (Willy Polvorón en vivo).

Sueños de Polvorón
Si, como decía Leopoldo Panero en El desencanto, el fracaso es la más resplandeciente de las victorias, la carrera del cantautor (poco) popularmente conocido como Willy Polvorón es entonces una sucesión interminable de victorias. Mientras Mariano Echenique, el anti-manager que coprotagoniza esta buddy-buddy rockera y suburbial, su representado en pasión de multitudes, Willy transforma actos mínimos (desde repartir volantes para un recital hasta la emocionante venta de la entrada número 70) en piezas de una épica perseverante y optimista, a contramano del lloriqueo habitual en la fauna del rock vernáculo. Y lo hace cantándole, desafinado pero genial, a la vida simple de Los Polvorines y sus iconos: bicicletas, chorizos, tapitas de gaseosa, latiteros ("sí no levantas aluminio / tu futuro es el exterminio": ¿por qué diantres esta canción no fue un megahit?!)... Contra la incomprensión hasta de sus propios músicos, contra los lugares comunes del documental estilo nace una estrella (acá no hay más final feliz que otra derrota/victoria fulgurante), contra la industria del disco, Willy y Mariano nos dicen que al tinto de la música popular hay que tomarlo sin la soda del prejuicio intelectual, porque así pega más. Agustín Masaedo, El amante. Cine, mayo 2007.

Bio-filmografía de Gabriel Alijo
Nació en Buenos Aires en 1974. Realizó cursos de cine en el Instituto de Arte Cinematográfico de Avellaneda, en el Centro Cultural Ricardo Rojas y en la Fundación Eikon, definiéndose por el género documental. Dirigió varios cortometrajes, entre los cuales se destaca Viaje por Liliput (1995). Realizó documentales para HBO; History Channel, Discovery Channel y para canales de cable locales. Sueños de polvorón es su primer largometraje.

Bio-musicografía de Willy Polvorón
Nació en Los Polvorines. Dice que "estudió guitarra a los 8 años" y que "desde entonces su técnica no ha evolucionado". Asegura que su música es "una suerte de rocanfolk que se desliza hacia la balada, el soul y el punkrock" y que todavía nadie purio encontrar a quien no se haya reído escuchándolo cantar y hablar. Ha editado los discos Pescado alucinante y Tercer cordón, en el que incluye el tema dedicado a Maradona, "Diego querido", "Blues de Los polvorines", su cover de "Let it be" y "La cumbia de la morcilla".

 


"Juntos son polvorita"
(mercedes halfon, radar)

"Willy canta y toca la guitarra, tiene puesta una chomba naranja flúo y los ojos cerrados. Dice: “qué pescado, qué pescado, que pescó el pescador, qué pescado, qué pescado alucinanteee...”. La frase se repite y se repite con aullidos de Willy y el desconcierto crece a su alrededor a la par de la sorpresa y hasta admiración"

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MALBA - CINE


Desde Los Polvorines, el tercer cordón industrial del Gran Buenos Aires, como un superhéroe desdibujado, Guillermo Solís se convierte en Willy Polvorón. Cantautor y guitarrista lumpen que dedica sus canciones al chorizo, las empanadas, la bicicleta y las chapitas de gaseosas. Oír para creer: este inquieto compositor del rock cartonero tiene el culto más reducido del universo a pesar de rotar por las FM masivas. Contra todo pronóstico, en perfecto dúo con su manager, Willy intenta infiltrarse en la alta sociedad del mundo de la música, llevando de contrabando un arsenal de canciones insólitas que van más allá de géneros y gustos. Sueños de Polvorón es, principalmente, el retrato de un manager detrás de un músico, que pasa infaliblemente del tropezón a la caída, pero siempre manteniendo una dignidad y una entrega casi imposibles de entender. Aunque es lógico que nada sea demasiado fácil para alguien que cree en la utopía de que "la vida es una sucesión de asados.

 


la mano



De Polvorines al BAFICI

Uno de los auténticos personajes del panorama porteño de los últimos años fue retratado en un documental, y se encontró en pleno Obelisco con Diego Altabás.

Todo lo que sigue a continuación no es ficción. WiUy Polvorón, oriundo del tercer cordón bonaerense, es un cantante excéntrico, marginal, simple e impredecible, que alcanzó la cima de los personajes de culto tras veinte años de militancia surrealista. En el universo Polvorón hay dos cassettes que registran los comienzos (Willy y sus polvorones y Wiíly Polvorón Alive) y dos CD's editados (Pescado alucinante y Tercer cordón), que aparecen en las bateas entre Piojos y Porchetto. También hay un saco blanco, una remera roja con la cara de Bob Marley y una tira de chorizos como traje de superhéroe para subir al escenario, canciones delirantes donde los protagonistas son una bicicleta, una docena de empanadas, los latiteros y cartoneros del barrio, ¡y hasta una tapita de gaseosa! Naturalmente, todo es cantado como un perro atropellado por un Falcon, a grito pelado, con los ojitos chispeantes y una mueca indeleble con forma de sonrisa. "Willy es muy importante para mucha gente, ¡lo que pasa es que no sabemos donde está esa gente!", dice con dudosa seriedad Mariano Echenique, productor y amigo inseparable, en el documental Sueños de Polvorón, dirigido por Gabriel Alijo, próximo a estrenarse en el IX Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires. La película registra y acompaña con mucho humor, calidez y fidelidad la relación entre Willy y Mariano, empezando por los comienzos de la historia en Ciudad Universitaria durante la primavera alfonsinista, pasando por recitales para treinta personas, testimonios de músicos que colaboraron con la causa (¡Palo Pandolfo toca la guitarra como invitado en el último disco!), y -principalmente- la conversa retorcida y alucinada del gran Polvorón. ¿Cuál es la reflexión de Willy sobre el documental que Alijo hizo sobre su vida y obra? Es palabra del señor: 'Pienso que es natural que alguien se interese. En la historia está previsto que un ídolo intente surgir y que un cineasta trate de hacer una película, pero lo más importante es transmitir el mensaje a la humanidad. Nada es imposible y por más adversidades que existan, como la Expedición Atlantis, todo se puede lograr con esfuerzo. Yo hice de mi vida una Expedición Atlantis. Me faltan tres o cuatro más, que las voy a realizar porque no existe una vocación artística sin esfuerzo". Por estos días, Willy tiene como única obsesión llevara la pantalla grande la película El catador, que escribió en un anotador de bolsillo y que cuenta la historia de un hombre que cae en estado comatoso con deseos de morir, pero es salvado por un amigo que decide cambiarle el suero que va a sus venas por litros de vino tinto. Willy Polvorón es algo así como una mezcla naif de vino en cartón, el rock humorístico del negro Fontova, la impronta y desparpajo del Cabra de Las Manos de Filippi y un Tandarica embarazado de ocho meses. Su candidez y espontaneidad se sintetizan quizás en las siguientes brillantes y desconcertantes respuestas respecto de su actualidad musical: "No hay grupo estable, pero sí está la idea de que podamos conformar un grupo ideal como yo lo pienso. En algún momento voy a hacer la música que tengo en mi mente". ¡¿Y todo lo que hiciste hasta ahora?! "No, en gran parte no está en mi mente, porque me gustaría hacer una cosa y resulta otra. Hago una música, después los músicos componen otra, Mariano (productor) trae otra propuesta, el técnico de sonido otra, se licúa todo y de lo mío queda el uno por ciento". Lapidario. Polvorón auténtico y sin filtro. Para todos aquellos que entran en la euforia sicótica tradicional del Bafici (encontrar las joyitas bizarras y ocultas en la maratónica programación), no pueden pasar por alto Sueños de Polvorón, porque seguramente luego de la proyección habrá recital de su protagonista. Así que, amigos cinefilos, dejen el pochocho para otras superproducciones, y preparen unos buenos choripanes y la infaltable cajita de vino blanco dulce, porque como dicen en Polvorines: "La vida es una sucesión de asados". Diego Altabás.

 


en la frontera del conurbano
(Karina Micheletto, PAGINA/12)

“Cuando Willy y Mariano van a la puerta de la Rock & Pop, a dejarle el CD a la Negra Vernaci (difusora espontánea de Willy en su programa), pasa de todo. Hubiese sido imposible guionar semejantes situaciones... ¡Hubiese sido imposible imaginarlas!

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tributo a la voluntad de cantar
(leonardo tarifeÑO, adn cultura la nacion)

Le cuesta entonar, pero desafina con tanta convicción que el cineasta argentino Gabriel Alijo le dedicó un documental. Pintoresco, camino a convertirse en figura de culto, Willy Polvorón encarna sin complejos la misteriosa pasión por el arte

 

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